BERLÍN — A finales de julio, cuando me quedé en casa y escuché al director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarar que la viruela del mono era una emergencia de salud pública de importancia internacional, muchos de mis amigos habían salido a celebrar el Día Internacional del Orgullo LGBT.

La decisión de confirmar una emergencia unos dos meses después de un brote global era la correcta. Pero se sentía demasiado tardía.

Como reportero de enfermedades infecciosas y un hombre gay me he sentido cada vez más frustrado con la respuesta mundial de salud pública a la viruela del mono y la comunicación que ha habido al respecto.